En la mayoría de los casos, las rupturas de pareja traen consigo una serie de consecuencias para el núcleo familiar en general.
Sin embargo, asumir estos cambios y enfrentar la situación con prioridades establecidas es realmente importante cuando se vive una desestructuración familiar.
Es fundamental que los padres tengan claro que la forma en la que se gestione el divorcio, condicionará la forma en la que los menores enfrenten la separación.
Una de las alternativas actuales en la resolución de estos conflictos es la mediación familiar, pues resulta el proceso más económico y de mayor rapidez. Además, disminuye el ambiente hostil y permite definir acuerdos entre las partes.
Por consiguiente, vivir una ruptura matrimonial no necesariamente tiene que representar una experiencia traumática. Para ello se debe asumir la separación como el fin del matrimonio y no el fin del vínculo parental.
¿Cómo afecta la ruptura de pareja en la familia?
La ruptura de pareja es un proceso en el que se viven cambios importantes que conlleva una reestructuración emocional en adultos y niños.
Además, es un proceso que se vive bajo mucho estrés y tensión que representa la pérdida de los planes comunes y personales. En este sentido, vale identificar cada circunstancia y sobre todo, tener en cuenta que cada separación es diferente.
Hay que considerar la causa de la ruptura y la forma en la que vive cada integrante esa disolución. Aquí interviene el tipo de relación entre cada miembro, por lo tanto, en cada uno puede tomar un significado disímil.
En este sentido, la ruptura de pareja en algunas ocasiones se vive como la etapa que altera rutinas establecidas. Trae consigo reajustes de roles familiares y cambios de ambientes como mudanzas, reubicación de instituciones educativas para los hijos. Igualmente, la necesidad de buscar otro ingreso económico o cambio laboral.
Por lo tanto, una separación de pareja puede afectar de la siguiente manera:
Emociones entremezcladas entre rabia, nostalgia, desamor, rivalidad, desesperanza y otros sinsabores.
Aparición de sentimientos de culpa.
Proceso de duelo por la pareja y por el cambio al que se someten los hijos.
Ideas de fracaso por la pérdida de proyectos que no llegaron a consumarse.
Cuestionamientos constantes de la decisión tomada.
Revisión y comparación frecuente de momentos del pasado con el ahora.
Consecuencias de la ruptura de pareja

Luego de una ruptura matrimonial, es muy importante tener en cuenta ciertas reacciones o respuestas emocionales y psicológicas de cada miembro de la familia.
En este sentido, se toma en consideración la personalidad de cada uno y las razones para la separación. Es así como vale destacar algunas de las consecuencias más frecuentes en los padres:
Estrés
Episodios de Ansiedad
Depresión
Pérdida de autoestima
Aislamiento social
En los hijos, también resaltan algunas manifestaciones emocionales y psicológicas. Esto, producto de la separación de los padres y cambios repentinos que comienzan a enfrentar. Algunos de ellos son:
Problemas escolares o desinterés en las actividades colegiales, falta de atención y dificultad para concentrarse.
Ideas de culpa, sobre todo cuando no conocen el por qué de la situación. Comienzan a sentirse responsables de los problemas entre los padres y se consideran parte del problema que condujo a la separación.
Sentimientos de frustración que vienen dados por el rechazo a la idea de que sus padres se separen. La frustración en los hijos viene dada con la pérdida de la ilusión de tener siempre una familia unida.
Conductas regresivas, es decir, aparecen comportamientos que han sido superados o etapas que se vivían en años anteriores. Por ejemplo, mojar la cama, rabietas, llorar en exceso, terrores nocturnos y trastornos del sueño.
Rebeldía o ruptura de normas de convivencia, es decir, comportamientos disruptivos acompañados de impulsividad.
Ansiedad y depresión al sentirse aislados de la situación y falta de asistencia de los padres.
Hay que tener presente que la capacidad de hacer frente a la ruptura de pareja no siempre es igual en todos. En los niños depende de la edad, donde los más pequeños lo reflejan principalmente en la conducta y los más grandes en el ámbito social.
¿Cómo enfrentar la ruptura de pareja sin romper la familia?
En el contexto de la separación, es necesario evitar a toda costa los conflictos y tratar de mantener una relación de co-parentalidad armónica. Esto, con la intención de que los hijos no sean bruscamente afectados y no sufran consecuencias psicoemocionales a largo plazo.
Por consiguiente, ambos progenitores deben aclarar con un mensaje comprensible y adaptado a cada edad de sus hijos lo que sucede a su alrededor. De lo contrario, la ausencia de una explicación y hacerlos a un lado causará confusión, angustia, culpas e inseguridades.
En la ruptura de pareja los progenitores deben considerar al máximo la estabilidad emocional propia, pero también la de los hijos. En estos casos, mantener la avenencia familiar va de la mano con la mediación de las partes.

La mediación como estrategia familiar.
El proceso de mediación permitirá sobrellevar la situación de ruptura y conseguir así los acuerdos, resaltando el bienestar de los hijos.
De ahí surge la importancia en identificar y reconocer las necesidades de los menores y el compromiso de seguir siendo padres en equipo. Esto dará cabida a un proceso menos traumático evitando procesos judiciales.
Contar con la asistencia y asesoría de un profesional formado en mediación familiar, marcará la diferencia en cualquier proceso de ruptura de pareja.
Cuando se lleva a cabo la ruptura marital, ambas partes deben concientizar la separación uno del otro, pero ninguno de ellos respecto a sus hijos. En este sentido, la mediación permitirá mantener lazos familiares armónicos con unos padres que trabajan para el bienestar de sus hijos. Además, promueve la crianza en conjunto, en la que ambos comparten responsabilidades y tiempo para su cuidado y formación.
Llevar a cabo un proceso de mediación permite la resolución de conflictos entre los progenitores. Además, facilita el compromiso con los acuerdos, fomentando una comunicación abierta y amigable acerca de los hijos.
En tal sentido, conseguir una mediación positiva será la mejor alternativa para reducir las incomodidades propias de la situación.
Algunos consejos para un proceso de mediación apacible son:
Ser cordial y educado con el otro.
Ser paciente y empático con la situación.
Conocer las prioridades e interés propios.
Establecer propuestas y escuchar las de la otra parte.
Expresarse de manera clara todo lo que genera preocupación usando palabras amables, directas y sencillas.
Escuchar activamente para permitir una comunicación efectiva.
Prepararse y estar abierto a la negociación de ciertos puntos y posibles acuerdos.
En resumen, la mediación apuesta por la mejora de las relaciones en rupturas de parejas enfocada en el beneficio de los hijos. A su vez, permite crear vínculos nuevos entre los padres y facilitar la comunicación, favoreciendo la estabilidad de todos los que componen el medio familiar.
De esta manera, en la ruptura de pareja es importante promover la coparentalidad haciendo hincapié en los derechos y beneficios de los hijos. La finalidad es seguir cumpliendo los deberes como padres en igualdad de condiciones.
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Acerca de la Autora de este artículo
Neidy Dominguez Pineda
Licenciada en Psicología por la Universidad Tecnológica Centroamericana y Máster universitario en Criminología y Victimología por la Universidad Internacional de Valencia. Doctoranda en el programa de investigación en Derecho, Educación y Desarrollo de la Universidad Pegaso Internacional.
Posee amplia experiencia en atención educativa a colectivos desfavorecidos y en la implementación de programas de reducción de violencia en la educación. Ha sido directora de programas de postgrado y profesora de varias asignaturas en dichos programas, realizando además contenidos para varias universidades. Ha participado en varias publicaciones y congresos internacionales, además de participar en proyectos de investigación en convocatorias competitivas.